Una noche silenciosa
volvemos a esas cosas del amor:
tu pelo,
tus curvas,
tus ojos,
tus labios,
tu misterio,
tu presencia,
tus palabras,
tu grandeza sutil y reservada,
tu voz,
vos...
Una noche sosegada
retornamos a esos rincones efímeros y duraderos del amor:
el deseo,
las mentiras,
los celos,
la sonrisa,
la complicidad,
los encuentros para salir a caminar,
los besos en la mejilla,
el tacto de las manos en el florecimiento de ilusiones precipitadas,
la ausencia,
el dolor de un sueño imposible...
Una noche callada y de música suave
regresamos a esas esquinas
donde el amor nos tiende
su carrusel de paradigmas inacabables:
alguna vez vivimos el filo efímero de la forma del instante;
y otra noche,
y otras tantas noches,
volvemos solamente al recuerdo,
a las risas y las lágrimas que nos quedan
después del andar agrio y dulce
por sus vías.
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